Iba a escribir unas líneas, pensadas largamente, sobre estos días pasados y sobre los que vienen. Sobre alguna ausencia que duele y otras presencias que curan.
Pero a falta de ánimo, y dado que siempre hay, por una extraña magia, otro que es capaz de condensar nuestro estado de ánimo mejor que nosotros mismos, acudo a Kurt Vonnegut y me limito a asentir cansadamente. "Y aquí estamos atrapados, en el ámbar del ahora. No hay un porqué"
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2).- Hoy, 20 de junio, mi cumpleaños, me reafirmo en lo dicho. El por qué uno tiene la sensación de que no es correcto seguir celebrando aniversarios después de la fatal marcha de un amigo no lo sé. Que la sensación existe? Sí. El motivo? Ignoto.
Que es día de alegría por el presente? SÍ, con mayúsculas. Que la vida nueva se acerca y la esperamos? SÍ, con mayúsculas. Y que la recibiremos con toda la alegría, SIN DUDA.
3).- Paso de Vonnegut a Omar Jayam (quid pro quo) en un canto a la vida que a veces se ha malinterpretado como fatalista:
“De aquel jarro de vino, que a nadie perjudica, llena tu copa y bebe, y sírveme a mi otra, muchacho, antes de que haga, sin prestar atención, con tu tierra y la mía un jarro el alfarero”.
La alegría de este día vaya por el perenne recuerdo del que se fue, pero se quedó y vaya también por la vida de la personita que está en camino.
Fin del post. Fin de la pena. Viva yo, muchos años.
Iba a escribir unas líneas, pensadas largamente, sobre estos días pasados y sobre los que vienen. Sobre alguna ausencia que duele y otras presencias que curan.
Pero a falta de ánimo, y dado que siempre hay, por una extraña magia, otro que es capaz de condensar nuestro estado de ánimo mejor que nosotros mismos, acudo a Kurt Vonnegut y me limito a asentir cansadamente.
"Y aquí estamos atrapados, en el ámbar del ahora. No hay un porqué"
«Vecinos y vecinas de Sarrià-Sant Gervasi: ha llegado la
hora de reivindicar nuestros derechos. Los vecinos y vecinas de este distrito
sospechamos que pagamos más tasas y tributos al Ayuntamiento de Barcelona que
los del resto de la ciudad, pero recibimos menos inversión pública que los
demás. Para demostrar que tenemos razón, reclamamos del Ayuntamiento de
Barcelona que calcule y publique las balanzas fiscales entre la hacienda
municipal y todos y cada uno de los distritos.
Tras conocer esas cifras, las fuerzas vivas de Sarrià-Sant
Gervasi procederemos a negociar bilateralmente con el equipo de gobierno
municipal de la ciudad un pacto fiscal o concierto, que reduzca sustancialmente
el expolio existente. Este distrito tiene un considerable déficit en
infraestructuras y padece también bolsas de pobreza, por lo que no vale aducir
que los vecinos somos, por lo general, acomodados.
Los vecinos y vecinas de Sarrià-Sant Gervasi estamos
dispuestos a aportar lo que sea justo para conseguir sufragar los gastos de
funcionamiento ordinario de la ciudad, a través de un cupo pactado entre las
partes. El resto de lo que se recaude en Sarrià-Sant Gervasi será administrado
por una Hacienda propia del Consejo de Distrito.
También aceptamos pagar una cuota de solidaridad para
subvencionar a los distritos más desfavorecidos, cuya cuantía será fijada en la
mencionada negociación bilateral. Ahora bien, esa cuota de solidaridad debe ser
finita en el tiempo, pues, si no, no se incentivará a los vecinos de esos
distritos a prosperar y crear riqueza; por el contrario, se les acostumbrará a
una cultura del subsidio que fomenta la molicie y el atraso.
No creemos que la actual situación de crisis económica sea
un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Al contrario, creemos que es una
oportunidad, y que nuestras peticiones serán vistas con simpatía por Europa.
Llamamos a todos los concejales y concejalas que residan en Sarrià-Sant Gervasi
para que hagan un frente común y antepongan la defensa de los legítimos
intereses de sus vecinos y vecinas del distrito a cualquier otra consideración
ideológica o política. Los sindicalistas (pocos) del distrito ya se han
adherido a nuestra plataforma.
Si el Ayuntamiento rechaza nuestras peticiones, le
recordaremos que Sarrià fue, hasta 1921, un municipio independiente, y Sant
Gervasi de Cassoles lo fue hasta 1897, y que tenemos derecho a ejercer nuestra
autodeterminación"
Vecinos y vecinas, gritad con nosotros: ¡Viva Sarrià! ¡Viva Sant Gervasi! ¡Sarrià-Sant
Gervasi is not Barcelona! ¡Freedom for Sarrià-Sant Gervasi!»
Mas: Ya basta de cortinas de humo y de maniobras de distracción. Un pelín de respeto a la inteligencia media del ciudadano.
Iba a preparar un sesudo análisis de lo que significan las reflexiones de 37signals, (concepto y blog que recomiendo vivamente) pero creo que es mucho más claro ponerlo sobre la mesa simplemente.
Si no sonríes, ponte en contacto conmigo y comentamos (o, en su caso, te recomiendo un profesional que puede solucionar lo tuyo).
"The weakness in our value chain with the customer was really in our core product"
Funny language from Domino's CEO, David Brandon
(Translation: The company's service and delivery were fine, but the pizza sucked).
Cuando la bronca social no lo es, se convierte en política. El maestro Rodríguez Braun lo anotó hace algún tiempo en su Diccionario al glosar la inevitable identificación que se perpetra en Occidente entre los conceptos de lucha social y lucha política.
Ese Occidente que tan magistralmente definiera ayer en la tercera de ABC el filósofo Guy Sorman como un cierto estado mental, concepto a contraponer al mero elemento geográfico o político.
Lo de ayer en Valencia comenzó, probablemente, como una bronca social, al menos en la mente de algún bienintencionado alumno que pensó que pasar frío en las aulas del instituto no tiene un pase en la España de 2012 (que no lo tiene). Pero acabó como siempre, cuando los de siempre (rectius: los talluditos de la kufiya y la "jornada de lucha anticapitalista") decidieron aprovechar la ocasión y montar la de Dios es el Ché
Ocasión que, casualmente, se presenta siempre que gobierna la derecha en España. No olvidemos que la policía represora está en excedencia cuando gobierna la izquierda, plantando flores en sus cascos antidisturbios y dedicándose a labores sociales, mientras que el día que entra a gobernar la derecha, esos mismos policías reciben inmediatísimas órdenes de vaciar los cascos de tierra y flor, encastrarlos en los cráneos propios y encargarse de perjudicar en lo posible los cráneos ajenos.
Cráneos ajenos que generalmente coronan cuellos abrigados por kuffiyas y que en muchas ocasiones sirven de asiento a rastas y/o modelos capilares más típicos de lo abertzale que del Kate Middleton style. Para qué nos vamos a engañar.
Me viene a la mente la pregunta (fascista, sin duda) de hasta qué edad se puede estudiar en un instituto público. Lo digo, perdónenme, porque viendo las fotos de hoy en EL PAIS, concluyo que muchos de los protestantes en Valencia son más de Barrio Sésamo y La Cometa Blanca que de los Teletubbies, no sé si se me entiende.
Leer hoy la prensa es ojear el TP anunciando el próximo episodio de FÍSICA Y QUÍMICA, telecínquica serie de varios alumnos de un instituto público representados, en adolescente oxímoron, por actores de más de treinta primaveras (de Praga).
Tengo que coger un avión (de esos que contaminan mucho, sí) así que resumo y me callo: policía represora y pegamenores. A esto llega un gobierno de derechas que ha traído al país a la ruina económica y social (en solo dos meses, es verdad, cosa que no hace sino evidenciar la potente faz antidemocrática del PP). No pasarán.
Lean A Scientific Romance, obra de 1997 escrita por el canadiense Ronald Wright. La novela describió acertadamente hace 14 años el engaño que estos últimos tiempos han puesto sobre la mesa, o sea, el de la economía.
Para no desvelarles mucho el asunto, les diré solamente que el protagonista de la novela describía la civilización como una trama piramidal. Y años después, en otra obra suya del máximo interés (sí, sí del máximo), pero no de ficción, hablaba de la civilización como una "sociedad compleja basada en la domesticación de plantas, animales y seres humanos”, en referencia (como señala el genial observador y sintetizador Jorge Riechmann) a las sociedades organizadas al estilo moderno, con sus clases sociales, sus élites dirigentes, su división del trabajo y su aura de paraíso.
Indicaba Riechmann en una reciente ponencia que todo recuerda a Ponzi, el célebre estafador que sistematizó el timo piramidal y lo elevó a categoría de respetable ciencia.
Todo en esta crisis recuerda a Ponzi, en efecto, porque de manera directa (aunque referido ahora a lo social y no a lo puramente monetario, que también) las ganancias de los primeros inversores (o sea de las primeras civilizaciones occidentales que han hiperdesarrollado el sector financiero sobre el productivo) se deben a los recursos aportados por los nuevos "inversores" (o sea, las últimas sociedades en unirse a la fiesta de lo financiero, como los países emergentes y aquellos que se han dejado engañar para unirse a la comunidad europea, sobre la promesa de conseguir en el medio plazo una aproximación rapidísima al estado del bienestar mostrado por las teleseries de los wasp).
Hagan otro esfuerzo.
Lean Breve historia del progreso, del mismo Ronald Wright, canadiense espabilado (que los hay), que observó (y Riechmann sintetiza) que los desarrollos de las civilizaciones de nuevo cuño (o, mejor, de las sociedades recientemente descubridoras del chollo financiero) se basan en ese esquema piramidal, que solo funciona si crece la cantidad de nuevas víctimas.
Ha pasado con las hipotecas subprime y sigue pasando con gran parte de las operaciones inmobiliarias en España y Europa. Sólo se caerá el invento cuando haya un número relevante de individuos que digan "a estos precios no compro" o "con estas comisiones no trabajo" (otro día hablaré de la degradación del concepto de comisión, cosa que, por cierto, me recuerda que la decadencia de una cultura comienza con la de su lenguaje).
Si India, Brasil, China y otros países quieren acercarse al sistema "occidental", que sepan que van a ser los últimos inversores del sistema de Ponzi, es decir, los que van a pagar los disparatados emolumentos de los gestores de fondos, los rescates de los bancos norteamericanos con dinero público y el pato de la crisis durante muchos años.
Salvo que encuentren nuevos incautos y los conviertan en los ultimísimos inversores del sistema de Ponzi. Mientras haya incautos habrá timadores. La pena es que, a diferencia de lo que ocurre con el castizo tocomocho, en el timo financiero occidental el grueso de los timados muere sin enterarse de su condición de alma de cántaro. El resto, prefiere simplemente hacer como que no se ha enterado.
"El poder no corrompe: desenmascara".
Ruben Blades
Interesantes tiempos nos está tocando vivir. Europa se convulsiona, con supuestas revueltas sociales, y los mercados financieros entran en una curiosa vorágine de datos y contradatos, de previsiones catastrofistas que se oponen a las sonrisas de los magnates.
De toda situación de crisis se saca alguna lección o, en el peor de los casos, una revelación. La constatación palmaria de algo que podía uno temerse o imaginar, pero que no se había mostrado aun abiertamente.
En estos días, y al hilo de lo que pasa en Londres, en las calles incendiadas por las hordas de los de la sudadera con capucha, la providencia nos regala la revelación de algunas perlas. El mandamás del Reino Unido vuelve de sus vacaciones porque varios grupos de jóvenes afectados por el calor (tan afectados como el conductor de autobus que siguió con su labor, y seguro que menos afectados que el panadero que cuece el pan de los sandwiches que se meten los bárbaros "between chest and back") andaban vandaleando la ciudad.
Y el vacacionero interrumpido, tornado en encorbatado apresurado, valora sesudamente con sus sesudísimos asesores lo ocurrido en la ciudad del "mind the gap". Habrá dicho muchas cosas, seguro, pero la mejor, la más reveladora, ha sido ésa de que va a limitar el acceso y uso de la redes sociales y el uso de los servicios digitales de mensajería instantánea, tipo Whatssapp o BBerry Messenger, porque al parecer la turba se comunica a través de tan diabólicos sistemas.
Y ahí está la revelación: este tipo, el jefe de la privilegiada clase política inglesa, es un dictador totalitario, además de ser (o hacerse el) tonto de baba. No sé si le dejarán ejercer como lo primero, pero nadie le va a quitar el capricho de ejercer como lo segundo.
Como la argumentación lógica de la anterior afirmación exigiría más líneas de las que con la temperatura de hoy estoy dispuesto a escribir, me iré al final del rollo disertativo y concluiré con el párrafo siguiente a modo de pregunta retórica al sujeto.
Cameron, escuche: ¿ha pensado usted prohibir también el teléfono?¿y el lenguaje humano?
Este post es una queja. Una denuncia contra la banda de Pepe Ferrández, Dixie Town, (http://www.dixietown.net/) que anuncia una cosa y en realidad te da otra.
Alguien me había dicho que se trataba de una banda de blues-rock, con aires setenteros, energética y sudorosa en su sonido (sí: el sonido puede ser sudoroso. Si no entiendes ésto, no sigas leyendo). También me habían dicho que podían resultar evocadores.
Menuda (y peligrosa) mentira.
Primero, no se trata de una banda de rock, ni de blues, ni nada de eso. Es un grupo de conspiradores contra el status quo, un sindicato del crimen que se basa en el tono para moverte la visión (o mejor la audición) del mundo tal y como la podías tener configurada tras años de escuchar música de curso legal y de hacer uso de una actitud adaptada, estándar, aborregada, previsible...
Segundo, se trata en realidad de un grupúsculo de inadaptados al main stream, de una célula de alborotadores sónicos, de oscurecedores de las tardes y noches del sonido teñido por lo peor de la miasma etílica, y de la actitud directa. No son músicos, como dicen: son obreros del martillo sónico, operarios de una lanza térmica del tono oscuro y ominoso.
Me encontré con Ozzy Osborne y con Tony Iommi la pasada semana en la frutería y me las apañé para ponerles un tema de Dixie Town, del disco FAT & SUPERB (concretamente "When I'm not glad"). Me miraron como quien se enfrenta a un psicópata y me preguntaron, temerosos, si se trataba de Jon Spencer poseído por Charles Manson tocando una guitarra antigua a través de un ampli con TODOS los controles al 11 (menos el de agudos: para qué cojones sirve el knob de "treble"? eso hay que ponerlo a cero y luego arrancarlo).
Tenían miedo, y sobre la marcha hicieron uso de su móvil para denunciar el caso ante la Comisión Hendrix-Guitar Shorty. Sus integrantes escucharon "My brothers's blues" a través de su teléfono, mostrando una preocupación más que evidente. "Hay sonidos que deberían no ser tan oscuros"- dijo uno de ellos- "todo debe tener un límite". Y, por cierto, ¿por qué el bajo embiste de esa manera el umbral de los tímpanos humanos, si es que alguien me lo puede aclarar?
Tercero, la física y la química se alían rompiendo sus límites y entrelazándolos con los de la óptica. La fuerza y la presión del bajo provocan el goteo de un espeso y oscuro aceite lubricante de camión viejo, y todo ello se tiñe de un manto negro como la noche y dulce como el pecado. Y ese extraño aceite consigue que el pie derecho de las personas de bien cobre vida propia y comience a seguir el ritmo.
Inaceptable. Decían que era un disco, y es una jaula de animales sonoros furiosos. Se trata de la materialización de una pesadilla del bajista de The Posies mezclada con lo peor de la resaca más fría de Matthew Sweet. Afirmaron que era una grabación musical, pero es una conspiración, un atentado contra la monotonía sónica y contra la paz social.
¿Por qué permiten que se venda como música en iTunes lo que es un peligro para la convivencia? Eso no es una guitarra: es una espada de dos filos, algo curvada, de hierro semi oxidado, que precisa de tres hombres para ser blandida. Emite un sonido gordo, denso y grande, que necesita su espacio mientras agota el resto del espacio, que chisporrotea de electrones negros y zumba creando un campo que atrae hasta la más pequeña de las partículas de atención (dios bendito, tengo puesto el disco FAT & SUPERB y mi pie derecho me está dando la razón...).
Warren Haynes cayó con su amplificador dentro del delirio del bajista de The Minute Men, tras agarrarse una kurda muy mala con J Mascis, al que jura haber visto hablar con la voz de su Marshall color púrpura y salió el gallego éste con barba. Y es que el alcohol es muy traicionero, si lo concentras en Southern Comfort adulterado por Maker's Mark y aderezado con unas gotas no de angostura, sino de lo que sea que daban de beber sus padres al guitarrista-cantante de The Black Keys.
Y apareció también Kim Thayil relatando un problemón con el clavijero, que no le permitía subir la tensión de las cuerdas de su SG sino sólo bajarla, bajarla y bajarla cada vez que tocaba una clavija. Forever drone, down, dooown, dooooown...
El sueño desdendente de la tensión produce monstruos. Y eso es lo que es Pepe Ferrández cuando toca su guitarra: un ser sónicamente despiadado, una conjunción sincrética de todos los inadaptados mencionados arriba, moviéndose entre los límites del ritmo de la sangre y lo que podríamos denominar muy mala leche. Permítanme que no hable de su tono, por cierto, pero tengo familia y una reputación que mantener.
Insisto, esto es todo un engaño: no son músicos, son rebeldes y deben estar en la cárcel. En otro país estarían ya encerrados (aparte de nadando en culto y en pasta) pero están en Hispania, y lo mejor que les puede pasar es que los metan en chirona tras la acusación de los fiscales de Operación Triunfo y demás caterva, si es que persisten en su extravagante actitud de hacer música de verdad.
He estado atrapado en Londres la semana pasada, debido inicialmente a la nieve en Inglaterra y luego debido a la jugadita de los controladores aéreos que me ha obligado a dormir una noche de más en Inglaterra y otra noche de más en Toulouse. La cuestión, como es obvio, me ha afectado de lleno ya que, en lugar de pasar el sábado y el domingo en casa con mis hijos he tenido que estar peleándome con empleados de aeropuerto y compañías aéreas de todo tipo y condición, arrastrando maleta y ordenador y obligado a comprar algo de ropa.
Éso me ha fastidiado.
Pero me ha inquietado más, por lo hondamente preocupante del asunto, enterarme de que nuestro nunca bien ponderado gobierno decidió militarizar las torres de control españolas y con ello convertir a los controladores aéreos en militares provisionales, durante al menos quince días. La "conversión" ha ido acompañada de una sujeción, por decreto, a los tribunales militares para esos civiles tan incivilizados que han demostrado ser los controladores.
Eso no me ha fastidiado, en realidad: me ha preocupado y me preocupa aun mucho. La Constitución española no permite someter a ningún civil a la jurisdicción militar salvo que se haya declarado formalmente el estado de sitio. Y lo que se ha hecho aquí ha sido declarar el estado de alarma, que es algo distinto.
El gobierno ha fulminado en un abrir y cerrar de ojos todos y cada uno de los derechos laborales de los controladores, y ello sin que se cumplan los requisitos que establecen las leyes. El gobierno ha mandado, en un instante, a los tribunales militares (ya saben, ésos que celebran consejos de guerra y demás) cualquier actitud de un controlador que desde el punto de vista del Código Penal Militar sea delictiva, como desobedecer una orden de un superior, o faltarle al respeto, algo que en la vida civil te puede costar, como mucho, el despido. Pero hete aquí que el presidente efectivo del país (Rubalcaba) ha convencido a su supuesto jefe de que la medida del estado de alarma tiene más extensión de la que tiene.
Se ha invocado por el gobierno la defensa del derecho a la libre circulación y a la libertad de movimientos de los ciudadanos para acudir al expediente militar. En Madrid, hace bien poco tiempo, hubo una huelga salvaje en el Metro, que afectó en días laborables a más del doble de los ciudadanos que aquéllos a los que ha perjudicado el asunto de los controladores. Sin embargo, el gobierno no militarizó el Metro de Madrid, ni transformó a sus empleados en soldados. Qué decir de las innumerables ocasiones en que se han bloqueado en España puentes por los empleados de los astilleros, o carreteras por el sector de los autónomos del transporte.
No pasará mucho tiempo hasta que los tribunales declaren que el sometimiento de los controladores al ejército y a la jurisdicción militar son nulos de pleno derecho. Me atrevo incluso a decir que hay sombras de prevaricación en la adopción de la medida y la vía penal no va a quedar sin utilizar, de eso estoy seguro.
No he terminado. Con ser grave lo anterior, no es lo realmente malo: lo peor es la respuesta de la sociedad civil al golpe de estado encubierto del gobierno español. De hecho, más que reacción, ha habido un aplauso generalizado a la vía militar, y éso se ha debido a que el aparato de propaganda estatal ha hecho bien su trabajo y ha convencido a la ciudadanía de que los controladores no tienen los mismos derechos que el resto, sino que son una especie de demonios antisociales que, por el hecho de recibir unos importantes sueldos y complementos, merecen que la ley no se les aplique igual que al resto, habiéndose ganado que en pleno 2010 y bajo la guía nunca bien estimada del gobierno socialista se les desposea de sus derechos laborales mínimos, y del de asociación y del de libre expresión, y del de libre circulación.
Como me dijo un taxista en el trayecto de la terminal internacional del aeropuerto de Barajas, "¿cómo van a tener derecho a huelga estos tíos con el dineral que ganan?".
La web El Mundo Today sigue siendo una fuente inagotable de ingenio y sonrisas. Abajo os incluyo parte de una noticia que han publicado recientemente y os facilito el link para los que la quieran leer completa ( http://www.elmundotoday.com/2010/07/cientos-de-funcionarios-disfrutaran-de-sus-vacaciones-en-campos-de-trabajo/#more-11326 ) "NECESITAN TRABAJAR PARA DESCONECTAR DE LA RUTINA Cientos de funcionarios disfrutarán de sus vacaciones en campos de trabajo Publicado el 29 de Julio de 2010 por Kike García
El pequeño pueblo de Malaspiedras, en Aragón, recibe con los brazos abiertos cada verano a miles de voluntarios que deciden pasar allí sus vacaciones mientras contribuyen a reconstruir el pueblo y ayudan en las tareas de siembra y otros trabajos de campo. “Es una manera de desconectar y romper con la rutina, cambiar de aires, hacer algo que no haces el resto del año. Trabajar. Y sentirte también en comunión con la tierra, sabiendo que estás haciendo algo útil… Son unas vacaciones atípicas para muchos pero reconfortantes. Se lo recomiendo a todo el mundo”, dice un funcionario del Ministerio de la Vivienda.
En los campos de trabajo el despertador suena a las ocho y a las nueve la mayoría ya está con el pico y la pala picando piedra y abriendo zanjas. Y es que muchos parece que guarden fuerzas durante el año para darlo todo en vacaciones. “Hay mañanas que no me da tiempo a abrir el periódico. Por suerte los voy guardando y luego ya en septiembre me pondré al día en el curro y leeré los números atrasados”, explica Fermín, un funcionario de nivel 32 con más complementos que un navegador web".
Para que se vea que no hace falta acudir a la descalificación para hacer una crítica con humor. Seguro que los funcionarios se reirán también ante el planteamiento de la noticia.
Tiene uno que cumplir los cuarenta para saber que hay una palabra que describe cosas que uno pensó que no cabían en un solo concepto. Ahí la tienen, en el título.
No me pongan cara de no entender nada: utilicen Google o Wikipedia para saber de qué hablo. Si escribiera este post en inglés simplemente pondría "Google this...¡ ", pero aunque estoy hoy en el noreste de Inglaterra, no me siento con fuerzas.
Para que vean ustedes.¿No es maravilloso el lenguaje?
"De todas tus manadas, uno o dos vasos de leche. De todos tus graneros, un pedazo de pan. En todo tu palacio, sólo media cama. Puede un hombre usar más que éso? Y posees tú el resto?"
(de un antiguo poema sánscrito).
Se ha llamado al tiempo en que nos encontramos "la era de la comunicación". Algunos dicen que ahora hay mucha más comunicación que antes. Yo disiento: hay infinidad de medios para hacerlo, es verdad, y son innumerables los aparatitos, gadgets y programas que permiten que las personas se comuniquen por diversas vías, pero las personas no se comunican más que antes.
Se puede asistir sin mucho esfuerzo a lo que comunmente se conoce como diálogo, pero que en realidad no es más que una pareja de monólogos coordinados tipo "en cuanto este se calle le largo mi rollo", cuando no sucesivos, que es peor.
El colmo de la paradoja es el ya típico paisaje poblado por personas (muchas veces, parejas) que andan por la calle cada uno haciendo uso de su propio móvil con avidez; si uno espera un minuto, observará que muchas veces esas conversaciones con terceros sustituyen a la de la propia pareja, que queda callada cuando se apagan los móviles.
Junto a esta especie de paradoja de la comunicación (más medios, más accesibles éstos, pero menos comunicación real entre personas) observo últimamente un resurgir de la ira, fruto de la impaciencia, y todo ello provocado por las extraordinarias facilidades y anonadantes avances en la tecnología de la información (esta vez entendida en el área puramente técnico-informática, y en especial, internet).
Me explico diciendo que, acostumbrados como estamos a que cualquier web se cargue de manera rápida, cualquier email salga casi en el acto y cualquier llamada llegue a destino casi instantaneamente, en cuanto eso no es así, instantáneo, inmediato, ipso facto, nos vemos invadidos por la impaciencia primero, por la ansiedad después, y luego sobrepasados por la ira resultante de todo lo anterior.
Acabo. Ésta no es la era de la comunicación: estamos en la era de la impaciencia.
Este post es una colaboración de J. Cristóbal Jiménez, consultor de estrategia corporativa, y forma parte de una serie de posts remitidos por profesionales con amplia experiencia en algún área que consideramos de interés para los lectores del blog
Hace poco tiempo me recomendaron que en mi próxima visita a Marbella no dejase de visitar el restaurante de unjoven chef andaluz que, en este local en concreto, se dedica a reinventar y actualizar las al parecer inacabables virtudes del cerdo ibérico.
Además de informarme de las maravillas gastronómicas que podría degustar, el recomendante insistió en la necesidad de reservar con bastante antelación ya que, al parecer, no es fácil conseguir mesa en el local. Inmediatamente incorporé la sugerencia a mi agenda de experiencias que hay que vivir.
Lo más curioso del caso es que, cuando le pregunte cuando había estado allí por última vez, me dijo que nunca había visitado el local y con una sonrisa mitad satisfacción, mitad triunfo me dijo “pero ya tengo reserva para dentro de dos semanas”.
Mantengo la sugerencia en la agenda porque en estas lides del yantar confío en el criterio de esta persona. Este episodio me hizo pensar sobre la importancia delboca a boca como motor de ventas en la sociedad en la que vivimos.
¿Cuánto dinero real va a reportarle al cocinero la sugerencia que he recibido? ¿Cuánto y cómo ha invertido el chef para que ese consejo se extienda y, lo que es mas importante, para que se convierta en una visita efectiva a su restaurante? ¿Seré yo el último eslabón en esta parte de la cadena de recomendaciones o me incorporaré al coro de prescriptores de la casa?
Estas reflexiones me llevan a la conclusión de que todos y cada uno de nosotros, en diferente grado, somos poseedores deuna “moneda social” o “capitalexperiencial”, susceptible de convertirse, mediante su transferencia al imaginario de otros afines a nosotros, en ventas y, por lo tanto, en dinero real para el tercero que vende el producto.
¿Existe realmente ese capital? ¿Cuáles son las claves para su manejo? Y lo que considero mas importante ¿cuáles son los elementos activadores de la transferencia de unos a otros de ese capital experiencial?
Intentaré seguidamente describir, desde el punto de vista de un profano interesado en el marketing, cómo se desarrolla esa serie de relaciones que finalmente deben desembocar en la compra de la experiencia.
La primera característica ineludible de esa activación es una relación directa entre la expectativa y la experiencia. El resultado final debería no solo cumplir, sino incrementar la percepción de satisfacción comparativa por parte del cliente. Hoy en día el consumidor quiere ser tratado como único (dentro de unos limites) y vivir experiencias únicas (dentro de unos limites) de las que posteriormente pueda hablar, que pueda compartir y, sobre todo, que puedan ubicarlo en el espectro social de su entorno.
En gran medida ya no somos lo que tenemos sino lo que hemos vivido. Esto nos lleva a la segunda característica, que es el rango social que nos proporciona esa experiencia. La experiencia ha de proveernos de un bagaje diferenciador del resto, ya sea por lo único y exótico de la misma o por la dificultad de poder realizarla.
Partimos de la premisa de que, queramos o no, todos, absolutamente todos, nos vemos influenciados por el grupo social o tribu en el que nos movemos. Pasar una semana a la intemperie durmiendo sobre una roca para observar los movimientos migratorios del tordo de agua puede ser una experiencia única y de gran trascendencia para el que la vive y una locura sin sentido para su entorno.
Nuestro capital experiencial para este caso concreto probablemente sea cero, a no ser que nos movamos en un grupo de aficionados a la ornitología. En conclusión, nuestra capacidad de prescripción va a estar limitada por los valores y principios implícitos o explícitos incorporados y aceptados por el grupo social en el que nos movamos.
Otra característica que aporta valor a la experiencia es que exista una cierta dificultad para poder acceder a ella, ya tome forma de lista de espera para un restaurante, de una edición limitada de un reloj o de una crecida de un afluente del Orinoco que precisamente permita el acceso en canoa a esa zona a la que generalmente no puede acceder el común de los mortales.
No debe estar al alcance de cualquiera en cualquier momento, es decir es nuestra experiencia, única, personal y… transferible. Esa dificultad se configura como nuestra primera satisfacción de cara a la posterior experiencia (ya tengo la reserva, ya tengo la entrada para un concierto que en una hora ha agotado las 65.000 entradas, ya estoy en la lista de esperapara el ultimo artefacto desarrollado por Apple…), en fin, lo que antes comentaba sobre esa media sonrisa de satisfacción y triunfo.
El desarrollo (estudiado) del acceso al producto genera una primera sensación de logro que no tiene absolutamente nada que ver con las características intrínsecas del producto pero sí con el modo en el que intentamos acceder a él.
Queda mucho por tratar en relación con este asunto: las características intangibles del producto, el perfil del prescriptor o la importancia que las, tan de moda, redes sociales pueden tener (o no) en el posicionamiento de nuestra marca o producto de cara al consumidor. Son conceptos que intentaré desarrollar en posteriores posts.
De momento, y como simple adelanto, recordemos que nuestro producto no es lo que vendemos, sino lo que el cliente cree que esta comprando.
Un hombre viajaba en el tren hace muchos años, en un vagón de primera clase. Le pareció que quien estaba sentado cerca de él era Pablo Picasso.
Cuando logró vencer su timidez y la resistencia que le impedía hablar con tan celebrado personaje, el hombre saluda a Picasso y le dice que le admira mucho; que cree que es un dibujante genial.
Le dice también que por qué, siendo como es un maestro, se empeña en pintar unas imágenes distorsionadas, retorcidas, sin parecido con la realidad. Le parece, en suma, un desperdicio de talento.
Picasso se queda mirando al hombre y le pregunta qué cree él que es la realidad. El hombre piensa un poco y saca de su cartera una fotografía, que enseña al pintor. "Mire. A esto me refiero. Esto es la realidad: es mi mujer"- dice seguro de sí mismo.
El pintor mira la fotografía y dice al hombre que, si eso es la realidad, su mujer es muy pequeña. Y es plana, además.
Como el hombre vamos casi siempre por la vida. Dando por hecho que nuestra percepción de las cosas es la realidad misma, aferrándonos a eso y, además, queriendo mostrar al resto de personas que nuestra idea es la correcta.
Para despertar de esa ilusión limitadora, entre otras muchas cosas, está el arte.
Y la locura, pero de esto último hablaremos otro día.