Sunday, May 03, 2009

Neil Gaiman

No he sido nunca lector de obras de ciencia ficción. Tampoco me ha interesado especialmente el género de las novelas de terror ni el de los relatos oscuros del tipo H.P. Lovecraft.

He tenido siempre la idea de que se trataba de géneros menores, de que poco podría interesarme de ellos más allá de pasar un rato y olvidar el texto casi enseguida. Lectura de consumo (de consumo de tiempo, vamos).

Un día leo en EL CULTURAL de el periódico EL MUNDO una reseña sobre un título de relatos. El crítico identifica al autor como una estrella consagrada en la literatura fantástica, cosa que me extrañó bastante, dado que el citado crítico suele pronunciarse casi exclusivamente sobre novela, y nunca de tipo fantástico o mágico.

Un buen libro de relatos de un buen autor inglés, estrella superventas en Estados Unidos y perfectísimo desconocido en España. ¿Por qué lo publica aquí entonces una editorial de renombre? ¿Por qué la reseña en EL MUNDO?¿Por qué la ferviente recomendación del crítico?

Demasiadas preguntas para un comprador compulsivo de libros como yo, y más cuando las loas y los piropos al arte del autor vienen de uno de los críticos en los que confío desde hace muchos años (ni una sola vez he pensado "pues sí que has acertado con la crítica, hombre de dios¨; ni una sola en muchos años).

¿Lo siguiente? Imagínenlo. Me faltó tiempo para ir a comprar el mamotreto que bajo el título "Objetos frágiles" construyó el inglés Neil Gaiman.

Magia, imaginación desbordante y sobre todo (sí, sí, sobre TODO) una extrañísima cercanía inmediata, casi diría intimidad, con el autor y con cada una de las historias que construye. Hacía muchos años que no entablaba una relación personal de tal calado con un escritor a través de su obra. Si encima resulta que el autor lo es de un género que nunca me ha atraído, la cercanía resulta aun más llamativa.

Todos los cuentos de "Objetos frágiles" tienen una escritura directa y llana, pero poderosa. Poéticamente poderosa a veces, con metáforas extrañamente ocurrentes, que revelan una capacidad de síntesis y de observación absolutamente fuera de lo común. Algunas de ellas lograron hacerme sonreír con admiración de tan acertadas que eran, y en varias ocasiones, la sonrisa tenía que ver con la certeza absoluta (....¿certeza?) de que el autor conocía de primera mano aquéllo de lo que escribía.

Claro que, de inmediato, me asaltaba la perplejidad al caer en la cuenta de que yo mismo estaba atribuyendo al autor un conocimiento de primera mano, personal y directo sobre temas como la licantropía, ciertas monstruosas criaturas marinas que de cuando en cuando salen a devorar a los humanos, dioses que viven entre los hombres y que cogen sus mismos autobuses...

¿Una obra afortunada? No; una no. La sensación de complicidad con Neil Gaiman y la sospecha (absurda y contraria a la lógica más elemental) de que más que un autor con inventiva se trata de alguien que efectivamente ha conocido a hombres lobo y ha bebido vino con dioses africanos en el centro de Londres abonaron mi impulso de conocer más, de ahondar un poco en las letras de alguien capaz de despertar esas sensaciones en mí.

Una ligera búsqueda en la red me llevó a "American Gods", que compré a la primera de cambio, obra en la que constaté con tanta alegría como admiración, que Gaiman no sólo puede escribir cuentos formidables, sino que es capaz de montar una trama grandiosa y desarrollar caracteres tan creíbles como increíbles (lo primero, por la coherencia y el desarrollo de la historia de cada personaje; lo segundo porque esos personajes abarcan desde un medio dios hasta una zombie que no sabe que está muerta, mirando de lado a un dios árabe al que su inmortalidad y los tiempos que corren obligan a trabajar como taxista en Nueva York).

Un genio con todas las letras. Un literato de primera, un inventor de historias dotado con la mayor de las facilidades para envolverte en un mundo mágico sin que te des cuenta, mundo del que sólo puedes escapar cuando Gaiman decide que el relato ha terminado... o no... porque insisto en que mucho después de acabar la lectura queda la desasosegante sensación de que, salvo que lo haya vivido en primera persona, nadie es capaz de inventar ni describir historias como las que cuenta.

2 comments:

Totón said...

Esta noche nos ha dado por lo mismo, brother... la crítica literaria. Me parece a mi que hemos leido mucho este puente, menos lectura y más... esto no puede ser, a ver si nos vamos hacer cultos y to'... que sensibiliza mucho no te creas.
Hala, pos eso.. que tie que molar el Gaiman este, ya te gorronearé algún librejo.

Anonymous said...

mucho leer y poca salsa!!! Me parece queridos brothers...
Que vana decir vuestars santas!!!! Nos han salido hasta cultos... y lo descubren ahora!!!! jajjajaja
Jose Manuel